Como su nombre indica era una bodega que han
rehabilitado para uso hostelero, pero conservando todo el ambiente de su
antigua actividad. Ubicado en el centro del pueblo, dispone de un mini
parking dentro, pero para cuatro o cinco coches. Suele haber mucha más gente los
fines de semana, además, son muy demandados a la hora de celebrar eventos,
razón por la cual podéis ir y encontraros sin una mesa libre.
Comida: Preferible comer carne, aunque también
disponen de guisos. Recomendable los riñones de cordero lechal y la carrillada,
pero cualquier carne que os pongan será de calidad. Tienen una especialidad (no
me acuerdo del nombre) consistente en huevos, patatas y cebollas fritas que
están para chuparse los dedos. Los platos son consistentes, razón por la que
recomendable pedir un principal y si acaso media ración de algo para compartir.
Bebidas: Carta de vinos sobria, sin ningún
aspaviento, lo normal y gracias. Eso sí, la cerveza tiene mucha fama por
como la tiran y por las jarritas de vidrio pequeñas en las que la sirven.
Servicio: Es correcto, agradable y muy diligente.
Recomendación: Los fines de semana se llena, así que llegar temprano ayudará a conseguir una mesa.
Precio: Entre 15-20 euros aproximadamente.
Buon Appetito.



